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QUE VENGA SAN MIGUEL: IDENTIDAD DE GÉNERO EN EL AUTISMO

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Una de las preguntas nunca resuelta en la historia de la religión cristiana es el sexo de los ángeles. ¿Son hombres o son mujeres? La iconografía y el arte en general nos los presentan sin un sexo definido. Hoy, leyendo sobre arte italiano he encontrado un curioso hallazgo que quiero compartir. Se trata de las obras del pintor manierista del S.XVI, Beccafumi. Resulta que, en 1924, desde la iglesia de Siena, se le encargó una obra que representara la caída de los ángeles rebeldes al infierno. El artista realiza la obra, en la cual encontramos varias singularidades, a saber: los ángeles buenos son femeninos, los ángeles caídos son hombres, y San Miguel tiene rostro femenino y cuerpo masculino. Los protagonistas, excepto el arcángel Miguel están desnudos, por lo que se pueden apreciar sus atributos sexuales. Resolvió con ello el pintor la incógnita sobre el sexo de los ángeles y esto no gustó a los miembros de la Iglesia, por lo que el cuadro fue rechazado y, a día de hoy, se puede contemplar en la Pinacoteca de Siena. Cuatro años después, en 1528, el artista volvió a abordar el trabajo, cuyo resultado está colgado en la Iglesia de San Niccolo al Carmine. En ésta, los ángeles buenos tienen rostros si cabe más femeninos, y los ángeles rebeldes siguen siendo claramente masculinos. San Miguel ha adoptado un cuerpo femenino, con pechos y vientre ciertamente de mujer. Todos vestidos, eso sí, por lo que el sexo de los ángeles queda púdicamente oculto, y por tanto se mantiene, como ellos querían, la duda. No se dio cuenta la curia de que a la vez que Beccafumi representaba la batalla celestial, el artista -queriendo o sin querer- pintó la eterna dualidad de los sexos; y la resolvió: las chicas, buenas; los chicos, malos y un arcángel para separarlos. La eterna historia: las mujeres han de ser dulces, sumisas al orden establecido, cálidas y etéreas, seres angelicales, en definitiva. Los hombres pueden, sin embargo, pertenecer a la tierra e incluso al inframundo: pueden ser malos. Aunque eso sí, sin juntarse ni mezclarse unos con otros.

Se dejó Beccafumi a la legión de personas que pertenecen a géneros no duales, como un buen número de personas en el espectro del autismo. Recuerdo las discusiones de mi adolescencia, en la que con frecuencia escandalizaba a mis padres repitiendo incansable que el amor es entre personas y no entre sexos. Pataleta tras pataleta, me decanté por enamorarme de chicos sin sentirme totalmente chica; aunque también tuve algún tipo de atracción por chicas sin sentirme totalmente chico. Por un lado, soy consciente de mi cuerpo femenino y he respondido, tal vez como consecuencia de mis regañinas de juventud, como mujer a lo largo de mi vida. Por otro, mi cerebro es asexual, confuso. Lo noto porque cuando contemplo posturas radicales hiper feminizadas o hiper masculinizadas, me noto extraña, sin identificarme con ningún perfil definido. No. No tengo cerebro femenino. Tampoco tengo cerebro masculino. Tengo cerebro autista. Le he dado, por ello, mil vueltas al asunto de cómo se construye la identidad de género y me pregunto cuál sería el peso del aprendizaje durante la infancia y cuál la impregnación social. Lo digo porque se me plantea la hipótesis de si en cerebros como el autista, con poca o ninguna capacidad para reconocer e imitar de forma inconsciente, aprehendiendo de su entorno los roles que lo pueblan, tal vez la identidad de género se manifiesta libre de influencias. Digo esto porque un número mayoritario de personas en el espectro del autismo presentan confusión en su identidad o se definen como LGTB o asexuales, o todo a la vez, o transitando de uno a otro género a lo largo de su vida. Buena parte de los conflictos de la adolescencia, esos que generan ansiedad, depresión, autolesiones o conductas disruptivas encuentran sus raíces en la angustia de no ser lo que se espera de uno, de fingir para no ser señalado o estigmatizado, de no poder hablar de esa desazón, bien por no poder gestionar sus recursos comunicativos, o por no encontrar una receptividad adecuada entre familiares o en el círculo social. Afortunadamente, algo se mueve en la comunidad autista. De la mano de jóvenes que hablan en primera persona y que defienden apasionadamente las múltiples identidades del autismo, sabemos que no somos los ángeles buenos de Beccafumi, ni tampoco los malos. Somos a veces hombres, a veces mujeres, a veces todo lo contrario. Sin categorías, sin etiquetas, simplemente humanos y humanas, como el San Miguel del pintor; a veces más femeninos que masculinos, y a veces las dos cosas a la vez. Creo que de hoy en adelante, cuando alguien me diga: ‘no pareces una chica’, sonreiré por dentro y le diré ‘pregúntale al arcángel Miguel’.

¡¡¡Y a lo mejor mi interlocutor me deja por imposible!!!

Carmen Molina

Dedicado a mi compañera y amiga Montse Navarro, alias AsperRevolution, que ha inventado algunos términos interesantes, como el de femiautista, para definirnos a las chicas y mujeres en el espectro del autismo, con mi cariño.

Comments

  1. carmen tomasa
    2 febrero, 2019 at 7:13 pm

    Cuando pusimos internet y empecé a escribir en algún foro o comentar en alguna pag. recuerdo ke si no ponía mi nombre propio sino un nombre común del ke no se pudiera sacar el género (ni foto) siempre había personas ke después de muchas conversaciones o una larga discusión sobre algún tema me identificaban como varón adolescente. Me sorprendía mucho pk yo no tenía ninguna idea hecha sobre diferencias al hablar, pensar o sentir… entre géneros o edades, y sólo en casos concretos tengo interés en saber esos datos de la persona con la ke hablo. Yo me identifico biológicamente como mujer (de hecho me identifico claramente como mujer aunke no coincida muchas veces con el rol ke esperan de mí y aunke odie las reuniones de solo mujeres) y me encanta la ropa “femenina”.. soy heterosexual pero si pasamos a mi cerebro parece ser ke mi humor,mi lógica, mi hablar claramente.. las identifican como masculinas mientras ke mi ternura con los niños pej. se supone femenina, así ke creo ke efectivamente nuestra identidad está más libre de influencias por eso hay tanta variedad y por eso podemos tener cosas ke identifiken con uno u otro género.
    No tener mucha capacidad para imitar de forma inconsciente cuando se da de forma muy exagerada es un problema pk muchos aprendizajes de la infancia se basan en eso y si no los consigues puedes tener muchos problemas pero en según ké cosas lo considero tanto defecto como virtud. Recuerdo ke me costaba mucho imitar los movimientos de mi tía cuando me enseñó a hacer punto o aprender un paso de baile para la clase de gimnasia (no puedo bailar de una forma ke no sienta y salga de mí), pero es lo ke me hizo crear o aprender yo sola muchas cosas. Y creo ke muchos problemas de esta sociedad no existirían si no hubiera tanta imitación automática ke muchas veces lleva al borreguismo.

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  2. Unknown
    3 febrero, 2019 at 3:23 pm

    Nunca me identifiqué con lo que contó Louann Brizendine sobre su libro “El cerebro femenino” en las diferentes entrevistas que dio (como esa entrevista con Eduardo Punset).

    No tengo el libro pero tengo conocidos que consumen ese tipo de literatura y se sorprenden de que mi mente no tenga esas características “científicamente demostradas”…

    Tambien me choca bastante que casi toda la investigación actual sobre diferencias de género en el autismo parezca partir de la idea de que seremos algo así como “neurotípicos con algunos problemitas sociales” y trate de hacernos encajar en los roles tradicionales cuando siempre fui expulsada de mi género sobre todo por mujeres.

    El autismo está lleno de cosas inesperadas, y no solo en temas de género, y no solo en las mujeres. Una investigación llamada “Brains of men with autism have some ‘female’ patterns” (que en realidad confirma hallazgos anteriores) contradice algunas cosas que se creían saber hasta ahora sobre este tema.

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  3. Unknown
    3 febrero, 2019 at 10:37 pm

    Aparte de que según los parámetros tradicionales la mujer en el espectro del autismo está peor que el hombre.

    Lorna Wing decía que las mujeres autistas están más discapacitadas porque el autismo destruye los que se supone son los puntos fuertes del cerebro femenino.

    Este tipo de pensamiento no tiene en cuenta que las mujeres autistas también pueden ser mejores que muchas mujeres y que muchos hombres incluso en cosas para las que se supone que el “cerebro femenino” está limitado o capado.

    Ahora la quieren arreglar diciendo que las mujeres con autismo en realidad tendrían cierta capacidad social que se supone que ningún hombre autista tiene, pero eso será cierto sólo en aquellas que siempre tuvieron mejor teoría de la mente.

    Ser mujer en el espectro del autismo (y con mala teoría de la mente) en una ciudad como la mía en donde está muy marcado eso de “lo social para la mujer, los hombres con máquinas” es un pasaporte directo a que te juzguen directamente como incapaz y ni siquiera consideren darte una oportunidad en trabajos en los que podrías demostrar tu capacidad.

    El hombre, por el contrario, puede entrar a trabajar de operario solo con tener el secundario completo.

    Hay gente que te propone como alternativa que te cases y tengas hijos para que en el futuro no quedes desamparada, pero no me enamoro de nadie (según los demás) ni me hace ilusión formar familia, y no haría nada por conveniencia.

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    • Carmen
      7 febrero, 2019 at 6:09 pm

      Bueno, lo que dijo Lorna Wing acerca del autismo femenino tiene que ver con las niñas y mujeres con autismo clásico, también conocido como autismo de Kanner, que frecuentemente va a compañado de discapacidad intelectual. En la actualidad, el espectro del autismo contempla ese autismo, al que cataloga como nivel 3 y el síndrome de asperger, que es autismo nivel 1 y que Lorna Wing no llegó a consideran como autismo sino como un trastorno diferenciado. Es por eso que hablaba de mayor agravamiento en las mujeres.
      Lamentablemente, cuanto menos igualitarias son las sociedades, en peor posición se encuentran las mujeres autistas ya que se les exigen más competencias sociales y responder a roles más femeninos estereotipados. Por eso es importante trabajar por la visibilidad y la inclusión. Un saludo.

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