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Perder la consciencia

i Mar 16th No Comments by

Según la sociología, el proceso de incorporación de la cultura (entendida como elemento de funcionamiento de la sociedad) es liberadora para el individuo porque le permite perder la consciencia de estar permanentemente dirigido, y le hace creer que vive en libertad y autonomía plenas. Esto le hace sentirse feliz y seguro. La paradoja es que las instituciones con que la sociedad educa o conforma a los individuos son también un mecanismo para el control y la organización de la sociedad. Sin embargo, los individuos acaban interiorizando los roles, las reglas de relación y funcionamiento común de tal modo, que terminan pensando que son la única forma natural o normal de conducirse. Y en eso se quedan, seguros y obstinados de que lo que les han inculcado apareció en sus cabezas de forma natural y que por eso, ellos y solo ellos son los normales.

 Pero he aquí que empieza a aparecer un grupo de personas, que no es que se resistan a ser socializados, sino que ni aun queriendo, son capaces de entender todo este entramado de normas no escritas, con frecuencia ilógicas y contradictorias entre las que sus semejantes navegan con total naturalidad. Hablo de las personas autistas.

 En el autismo, la comprensión de la sociedad ha de hacerse de forma consciente, como si de una asignatura en la escuela se tratara. Y eso no es todo, las normas sociales han de ser aceptadas aunque sean contradictorias entre sí; y esto también ha de hacerse de forma consciente. Recordemos cuando nos enseñan que no está bien mentir pero a la vez no insisten en que mintamos para ‘quedar bien’, ‘ no molestar al otro’, ‘no ser molestado’ etc etc etc. ¡A ver quién puede cocerse en esa salsa!

 En el autismo, además, el conocer la norma no implica su incorporación natural al inconsciente, por lo que el individuo, lejos de verse liberado con este proceso de aculturación, tiene sobre sí la losa de tener que reelaborar su conducta cada día y para cada una de las situaciones sociales en las que se encuentre. Un trabajo agotador que con frecuencia acaba en las ansiedades y depresiones que asocian a los TEA como si no hubiera forma de escapar de ellas.

 En el autismo, en fin, somos muchos los que podríamos cambiar la sociedad, porque somos muchos los que podemos tomar conciencia de que los escenarios llamados ‘normales’, ‘naturales’ y conocidos ‘desde siempre’, pueden no aceptarse y, oh sorpresa!, el mundo sigue, y además puede mejorarse.

 Con esto no quiero decir que no sea útil, que lo es, el dotarse de normas comunes de organización para las relaciones en la comunidad. Que no sea cómodo, que lo es, el que los individuos puedan adoptar comportamientos sin pensar mucho en ello. Que vivir en sociedad es mucho más fácil cuando no hay que darle vueltas a la cabeza: cierto.También mucho más plano, menos tolerante, y menos libre.

La buena noticia nos la dan, también los sociólogos. Nos cuentan que paradójicamente, esa sociedad que cree que lo que sabe y conoce es lo normal, es la misma que por actuación de sus individuos puede transformar los escenarios creando nuevas ‘normalidades’. Esto, si lo pensamos, pasa continuamente, aunque a veces no tengamos oportunidad de constatarlo de forma consciente, principalmente porque la vida del ser humano no da para períodos largos. Si nos paramos a pensar, nuestros abuelos consideraban normal mantener a la mujer en casa hasta encontrarle un marido impuesto por el padre, nuestros padres consideraban normal que solo hubiera dos formas de manifestar la sexualidad, nosotros consideramos normal que el individuo decida por sí mismo su pareja y el sexo de ésta. ¿Quién nos dice que nuestros hijos no verán como normal que haya autistas en todos los ámbitos de la sociedad? Tal vez haya trabajo por delante pero, debo insistir en que no conviene perder de vista la utopía; porque las utopías, como los horizontes, nunca se alcanzan, pero es en su búsqueda donde el ser humano encuentra lo mejor de sí mismo.

 Tal vez si los autistas se convencieran de que han de estar en la sociedad como miembros de pleno derecho, o si los ‘normales’ aceptarán que no son el paradigma de humanidad; tal vez si unos y otros se dieran la oportunidad de tratarse en el mismo plano, sin superioridades ni dependencias; tal vez y solo tal vez, la utopía estaría un paso más cerca.

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