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Un mantelito: estereotipias del asperger

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MIS MANOS Y YO

Tarde de primavera y reunión de trabajo con mi directora, persona a la que quiero y respeto y a quien que escucho con interés la mayoría de las veces. Tratábamos temas laborales, cuando, oh cielos, veo unas tijeras encima de la mesa. Con la mayor naturalidad del mundo cojo las tijeras, cojo un papel, doblo aquí, doblo allá; un cortecito, otro, otro…

– ¿Qué haces?. Me pregunta

Levanto la vista, y sin pestañear, respondo:

– Un mantelito.

Su cara de estupefacción no pudo pasar desapercibida ni siquiera para mí, y la dos rompimos en risas.

En verdad estaba haciendo un mantelito, de esos que todos hemos hecho en el colegio y que se parecen a las blondas de pastelería. Otras veces hago letras de papiroflexia, una flor, en la que estoy especializada y que regalo al oyente, pajaritas de papel que vuelan, o simples nudos, trocitos o pelotillas con el primer resto de papel que se me pone al alcance.

Afortunadamente hice el mantelito en un ambiente de confianza, pero me podría haber dado por hacerlo en cualquier sitio. Unas tijeras son una tentación demasiado fuerte para alguien que no puede tener las manos quietas. Esto no quiere decir que no escuche, todo lo contrario, si me veo obligada a estar con las manos paradas, esta inmovilidad me requiere tanta atención y me generará tanta incomodidad que probablemente me será imposible seguir la conversación.

Hay estrategias para disimular. Hago las bolitas de papel dentro del bolsillo, bajo la mesa o simplemente cuento los dedos cuando no hay papel a mi alcance. Es una compulsión inocente, creo yo, que me ayuda a mantener la concentración. En casa es más fácil, siempre tengo entre manos una labor, preferentemente de punto o ganchillo, para poder contar lazadas, agujas y puntos del derecho y revés. Soy capaz de hacer un jersey sin mirar la aguja y de seguir un tapete de ganchillo con el tacto. Esta habilidad la he desarrollado para poder atender a mi interlocutor en una charla o para poder seguir una película en la tele.

Mi primer trabajo de ganchillo fue una colcha para mi cama, hecha con restos de lana de colores que hice con ayuda de mi abuela a los seis años. Para mi, lo más normal del mundo. Cuando he tenido sobrinas, veo que o mucho han cambiado las generaciones, o esto tampoco era lo habitual.

¡Cómo me enfadaba cuando llegaba la tía de turno y comentaba lo hacendosa y calladita que yo era!. Yo no quería ser ni hacendosa ni calladita, quería que no me regañaran por  no tener las manos quietas. Y esto nadie nunca lo entendió. Y les confieso un secreto, creo que aún hoy nadie de mi entorno lo entendería; así que. sí, hago mantelitos, tapetes, pajaritas de papel, y además escucho. ¿Quién da más?

Carmen Molina, Gestora Cultural, Presidenta de la Asociación Sinteno, persona con síndrome de asperger

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