Encontrarse sin prejuicios

Encontrarse sin prejuicios

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A menudo los padres y personas de apoyo de los niños y adolescentes con asperger se preguntan si su hijo tendrá amigos, y si estos amigos serán capaces de hacerle crecer como persona y ser feliz. Con frecuencia se da cierto temor a incluir a los chicos y chicas en grupos adolescentes, gregarios, y que pueden llegar a dañar como grupo a aquellos que quedan fuera por cualquier característica diferenciadora que se transforme por diferentes razones, en etiqueta primero y en estigma después. 

Conocí a Tatiana después de una exposición en la que hablé de ocio inclusivo. Ella debió detectar en mí eso que yo simplemente deseo transmitir cuando explico algo: que creo en lo que digo. Y que me gusta la vida y volcarme en crear entornos de crecimiento, a pesar de que en el recuento me salen más ‘puntos rojos’ que verdes. No sé por qué nací así, y no sé hacerlo de otro modo. 

 Ahora ha crecido la amistad. me gusta que de forma natural favorezca eso que ella llama ‘zona de confort’. Y que parece que te cuida pero sin cuidarte. 

Ojalá se crearan círculos de apoyo tan especiales para todos los que necesitamos de ello. Y los necesitados somos todos y cada uno de nosotros, ¿no es así?


 

A veces pensamos que contar las que fueron y son nuestras experiencias es algo sencillo, un momento en el que simplemente repasamos lo que hemos vivido, sentido, o pensado con alguien o en soledad. Pero todo se intensifica cuando incluimos la palabra Asperger en esa experiencia con.

Aunque acostumbrada por mi profesión a tratar con personas con Autismo, debo confesar que se me hacen intensas y duras las jornadas que comparto con Carmen. A veces no sé distinguir si es ella, si son rasgos del Síndrome o si es todo un poco. Y la verdad es que termina por darme lo mismo; la realidad es que te encuentras con alguien tremendamente inteligente, extremadamente lógica, y práctica hasta sobrepasar cualquier límite. Si;  todo llevado siempre a los extremos, como parecen serlo también  sus enfados, incomprensiones, luchas diarias etc..

Carmen siempre me ayudó a comprender y ponerle voz a situaciones que no alcanzaba a entender por mí misma, me dio opciones de pensamiento, y yo mientras, cada vez que quedamos para comer o hablar de trabajo, intento que ese lugar en que nos encontremos se sitúe no muy lejos de su zona de confort  y lo suficientemente cerca de la mía, para poder comprenderla desde una zona de respeto y comodidad para ambas partes.

Conocí y trabajé con dos personas más con Síndrome de Asperger. Aunque fueron experiencias cortas en el tiempo, no me dejaron indiferente. Y supieron hacerme comprender cosas que ningún libro me había explicado anteriormente.

Sinceramente ( y porque de sinceridad trata todo esto ) pienso que como Carmen, muchas si no la mayoría de personas con Asperger tienen que enfrentarse a muchas dificultades en sus vidas, que deben resignarse a abandonar “hábitos personales” para formar parte del rebaño de la totalidad y que no muchos lo hacen. Pero a eso debemos enfrentarnos todos con nuestras propias características.

Desde luego que ser Asperger no es más que otra de las miles de formas de ser, pero el punto de encuentro entre los que se encuentran en ésta y los que no lo estamos, puede ser realmente enriquecedor y positivo si nos entregamos a esa cita con los brazos abiertos, sin prejuicios y con ganas de aceptar que la mayoría de las veces, lo bonito de la vida está en la diferencia!!!”

 

Tatiana Fernández Blázquez

Maestra de Educación Especial  y AMIGA de Carmen Molina

Romance a l@s aspergian@s

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Donde se encuentre un chico/ Con síndrome de asperger

Allí se respira paz/ Gloria no le dejes

Ell@s son la nobleza/La bondad en persona

Búscalos siempre/ Como cual amapolas

Algunos son más tímidos/ Otros más abiertos

Pero sean como sean/ Su grandeza he descubierto

Cada chic@ aspergian@/ Que yo concibo

Es un gran espejo/ Donde yo me miro

Estos como yo tal vez/ Se sienten incomprendidos

No hay nada que mas adore/ Que haberlos conocido

Son seres muy inteligentes/ Muchos son superdotados

Cualquier idea surge/ De su cerebro dorado

Son chic@s muy sensibles/ Son chicos muy ingenuos

Pero a pesar de todo/ Pueden ser grandes genios

Mientras yo me encuentre/ Rodeado de aspergian@s

Me sentiré en la gloria/ Con tesoros en mis manos

Durante la etapa escolar/Hemos sido acosados

Afrentas mofas y escarnios/Todo lo hemos soportado

Mi mayor deseo consiste/En tener una gran amistad

Con estas joyas vivientes/Admirando su fraternidad

La vida a veces es dolor/A veces es sufrimiento

Pero compartirlo con ell@s/Es un gran momento

Cuando mas vacio me siento/Pienso en estas criaturas

Porque si estoy en su ausencia/Me hundo en la amargura

Me gusta parecerme a ell@s/Descubro muchas similitudes

Según los voy conociendo/Descubro grandes virtudes

De los grandes genios que hubo/Einstein y Mozart lo tenían

Tenían este tipo de síndrome/Nadie los comprendía

Es un orgullo muy grande/Aunque la gente no reconozca

Nuestra forma de pensar/Que no es nada tosca

Nuestras virtudes y valores/La sociedad no los comparte

Por eso a veces vivimos/En un mundo aparte

Podemos estar orgullos@/De haber nacido aspergianos

Aunque somos diferentes/También sentimos y amamos

Josué García Fernández

Un Jefe asperger puede ser una oportunidad

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Cuando le pedí a Ainara que participara contando su experiencia en estas entradas de la Semana del Asperger, no creía que ella tenia tan buen concepto de mí. Entró en nuestra institución por méritos propios, yo sólo tuve que quedarme con la boca abierta cuando la ví. Tenía un gran currículum y es una persona seria y eficiente. No pone límites a la creatividad y merece tener un gran futuro. Me gustaría señalar que ella, cuando habla de mí sin saber que son características de las personas asperger, destaca en su post la comunicación directa, sin florituras, con sinceridad hasta el límite y honestidad incluso en situaciones por las que se paga un alto precio. Yo no soy un caso aislado. Las personas asperger tienen estas características. Algunas neurotípicas también. La diferencia es que ellos, los llamados normales, saben cuándo parar y no poner su empleo en peligro. Yo no supe hacerlo y perdí mucho. Ainara pagó también un alto precio simplemente por estar, en un tiempo de mi vida cerca de mí. Espero corresponder a  su admiración habiéndole enseñado que seguir un método, trabajar con base a eficacia, aceptar y reflexionar sobre lo que no es igual a nosotros y ser sobre todo honesto y leal en estos tiempos que corren, es trabajar como debe ser. Ojalá que nunca cambie y forme parte de esas generaciones que cambiarán nuestro mundo.


 

Cuando conocí a Carmen era la subdirectora del Museo del Ferrocarril de Madrid y yo, una trabajadora más que iniciaba su andadura profesional en dicha institución. Carmen fue una de las personas que participó en mi entrevista de trabajo y desde el primer momento me dio buen “feeling”. Se mostró clara, concisa, abierta y sincera en sus opiniones. Ideas que se fueron reforzando con el paso del tiempo al estrecharse mi relación con ella.

Yo no sabía ni intuía que Carmen tenía el Síndrome de Asperger. Es más, poco podía saber si lo era o no porque, si he de confesarlo, nunca había oído hablar de ello, el mundo del espectro autista me era completamente ajeno en todas sus dimensiones. Salvo aquellos estereotipos extendidos a través de la cinematografía, principalmente, y que se empeñan en mostrar una realidad de forma simplificada cuando es bien distinta, el autismo es todo un abanico donde tienen cabida diferentes pluralidades, ningún autista es igual a otro.

En el terreno laboral Carmen era una gran profesional. Hablo en pasado porque sobre todo quiero destacar los años en los que fui su subordinada en la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, pero doy fe que continúa desempeñando cada una de sus labores profesionales con el mismo ímpetu que aquellos años. Algunas de sus cualidades como subdirectora eran su gran inteligencia; motivadora; eficaz; gran gestora de equipos y recursos; fiel, comprometida y leal; multidisciplinar y toda una todoterreno que no se le escapaba nada al azar; exigente, pero primero consigo misma: la primera en llegar a su puesto de trabajo y la última en abandonarlo. Carmen era como una segunda madre que regaña cuando las cosas no se hacen correctamente pero una exigencia hecha con cariño y con un afán constructivo que te reconforta con un abrazo y palabras de aprecio.

Pronto, aquella jefa se convirtió en un ejemplo a seguir y a admirar, llegó a ser mi referente. De pronto hablaba a todos mis amigos y mi familia de ella, de lo bien que trabajaba, de lo bien que hablaba, quería ser “de mayor” como ella. No sabía qué era, pero me daba cuenta que Carmen era especial. Como dice la canción de Love of Lesbian, era un “ser único”; no podía existir una profesional tan perfecta y como suele ocurrir en esta sociedad tan cruel e injusta, la perfección conlleva irremediablemente de la mano a la envidia. Envidia de gente inepta, vulgar, incompetente, ineficaz e incapaz, que como están muy lejos de alcanzar la excelencia, la destruyen. Eso es lo que ocurrió a Carmen, la destruyeron porque era superior moral y profesionalmente y, eso, en determinadas “casas” no está permitido. Esta envidia y posterior destrucción ha perseguido a Carmen y ha sido su fiel compañera durante los últimos años de su vida.

Esta admiración se convirtió en una relación de cordialidad y amistad más allá del terreno laboral. Sé que mi cercanía con ella “levantaba ampollas” en ciertas personas y, efectivamente, con el tiempo este simple malestar conllevó a graves represalias laborales. Pero yo sabía que no hacía nada malo. Al contrario, no podía alejarme de una persona que había apostado y creído en mí cuando nadie lo había hecho. Yo no podía hacer nada para solucionar todo el maremagum de problemas que se estaban avecinando, salvo estar con ella y compartir esos duros momentos en su compañía, escucharla e intentar paliar un poco su profundo dolor, en definitiva, permanecer a su lado. Era lo mínimo que podía hacer, ella me había dado la oportunidad más importante de mi vida y si, hoy en día soy algo es parte gracias a ella.

Ainara Fuente

Mi mujer es asperger

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Hay que partir de la base de que yo no noté nada inusual en mi mujer y creo que para el resto de personas de nuestro entorno era y es una persona completamente normal. Sólo hubo un hecho que me hizo pensar en que algo había cambiado en mi percepción, pero lo achaqué a una supuesta depresión. A continuación voy a relatar esta experiencia vista desde mis ojos:

Conocí a mi mujer en mi puesto de trabajo. Yo trabajaba de vigilante de seguridad en el Museo  del Ferrocarril y Carmen era la subdirectora. A simple vista parece el guión de una película X pero nada más lejos de la realidad; recuerdo esa etapa como una de las mas felices de mi vida ya que la consideraba un buen superior, porque yo estaba acostumbrado a recibir órdenes concretas por mi paso por el ejército y me gustaba su manera de darme instrucciones ya que eran siempre muy concretas y directas, no como antiguos jefes míos que nunca te decían nada claro ya que sus instrucciones eran siempre muy ambiguas. Parece que esto del lenguaje directo es una característica asperger, pero yo no lo sabía, y si lo hubiera sabido, me habría parecido algo positivo. Laboralmente,  como digo, teníamos una buena relación que fue alimentando una buena amistad y acabé de pasar de empleado a novio y luego a marido y fue donde tome la determinación de dejar mi cómodo trabajo de Vigilante de un Museo de elefantes a volver al frío de las vías del tren… Era lo ético, y a los dos nos pareció bien.

Recuerdo que un día me llamo y me dijo: nos casamos; no te lo voy a pedir mas veces. Y acepté. En ningún momento meditamos nada en nuestra relación; éramos como dos locos adolescentes dentro de dos cuerpos de adultos.

Como digo, nunca vi nada anormal en nuestra relación y no me importaba en absoluto las opiniones de la gente ya que siempre he hecho lo que me ha venido en gana. Las opiniones típicas de ” es muy mayor” ” tiene dos hijos” etc… me daban igual, ya que para mi lo importante era que nos queríamos y queríamos estar juntos…

Los problemas nos sobrevinieron cuando Carmen empezó a sufrir un acoso por parte de un superior suyo y un grupo reducido de compañeras de trabajo; unas por envidia de su buen hacer y su profesionalidad y otro por no doblegarse a su voluntad ya que pretendían que acatara y participara en cosas que contradecían su ética personal. A tanto llego la cosa que una buena mañana de miércoles la pusieron en la calle, precisamente alegando malas prácticas empresariales por dedicarse a ayudar a personas con asperger. Me avisaron que fuera corriendo a su puesto de trabajo ya que estaban esperando un Samur para atenderla. Yo no sabia qué era lo que pasaba ya que no me dieron explicaciones. Cuando llegue allí me encontré dos dotaciones de policía un Samur y un montón de compañeros curiosos viendo la escena -compañeros que sabían lo que pasaba y que nunca la ayudaron- y a mi mujer en un estado de nervios increíble como si le hubieran matado un hijo y yo alucinando según me iba enterando de lo ocurrido y la causa por la cual mi mujer estaba en ese estado…

La trasladaron al hospital Gregorio Marañón y allí no nos solucionaron nada, lo único que nos dijeron que lo que tenía era un shock y que si tomara esto y lo otro y me hicieron firmar un papel como que yo me hacia cargo de ella. Vamos que se lavaron las manos, como se lavaron las manos sus compañeros de trabajo que a su vez se llamaban amigos; amigos que abusaron de su influencia para colocarse en puestos de responsabilidad y luego la dejaron tirada en la estacada. Tanto que a día de hoy no se relacionan con ella no vaya a ser que les repercuta a nivel profesional…

Toda esta situación a mi me empieza ha afectar ya que yo cada vez la veo mas distante mas irascible, más agresiva verbalmente hablando. Vamos de psicólogo en psicólogo de psiquiatra en psiquiatra y entre tanto pastillas y pastillas tanto que llegan a anularla hasta que dio con una psicóloga que nos puso en la pista de que Carmen tenía todas las papeletas de tener el Síndrome de Asperger. Digo tener, no padecer porque mi mujer no padece ninguna enfermedad. También contó con la de una compañera suya que antes de todo lo ocurrido fue su Directora, la cual no era muy de mi agrado por que yo en cierta manera la responsabilizaba a ella de lo que había pasado con Carmen, porque en el mundo laboral cuando te significas en un bando pueden pasar esas cosas -y mi mujer apoyaba en todo a su jefa- con el tiempo me di cuenta que ella no tenía la culpa, que hubiera dado igual porque Carmen nunca se hubiera dejado someter por nadie y desde aquí le quiero pedir disculpas ya que se que leerá estas líneas…

Retomando la historia, la relación entre nosotros se fue deteriorando cada día más. Por un lado porque ella solo pensaba en recopilar datos y más datos para los futuros juicios a los que se iba a enfrentar hasta el punto que le absorbía todo el día y muchas veces hasta altas horas de la noche no llegando ni a dormir conmigo. Yo empecé a alejarme también. Me agobiaba por un lado mi trabajo que es muy estresante y por otro lado la poca relación que tenía con mi mujer hasta el punto que llegue ha sentirme abandonado y empece a cometer errores.

Si yo hubiera sabido que su obsesión era a causa del síndrome seguramente que muchos de los traspiés que cometí no los hubiera cometido pero en mi cabeza solo había una idea y era que mi mujer era una adicta al trabajo y que se lo habían quitado y que era una egoísta que solo pensaba en recuperar lo que había perdido y no se estaba dando cuenta de que tenía un marido y unos hijos…

Y ese equivocado pensamiento me llevó a pensar que podía empezar una nueva vida lejos de todo ese caos. Una mañana tuvimos una fuerte discusión, y me pidió que me fuera y así lo hice y no volví…

La pedí unos meses para aclararme las ideas pero al final decidí iniciar los trámites de separación. Justo cuando íbamos a dar por finiquitada nuestra relación me llamo pidiéndome que aunque nuestra relación iba a extinguirse fuera a declarar al juzgado para uno de sus juicios. Yo le dije que sí. Y un buen  día quedamos para concretar lo que se supone que tendría que declarar y cuando la vi comprendí todo el daño que le había ocasionado directa o indirectamente; paré los trámites de divorcio y decidimos darnos otra oportunidad.

Muchas personas se metieron en nuestra relación: las familias respectivas y amistades, me acusaron de infiel hasta de maltratador y drogadicto. Esa mancha sé que nunca me la podré quitar. Yo jamás he sido infiel a mi Carmen y nunca la maltraté y por supuesto no he sido ni soy un  drogadicto. El fallo que cometí fue el no estar a la altura de las circunstancias y tener un comportamiento inmaduro pero para mi tampoco fue fácil  lo único que echo en cara, por decirlo de alguna manera, es que a mi nunca nadie me preguntó como estaba. Hasta ahora que Carmen me ha pedido que escriba lo que es y fue ser el marido de alguien con Asperger.

Esta es mi verdad y lo que yo viví. A día de hoy seguimos casados aunque vivimos en domicilios diferentes, sé que mi relación no es como antes pero albergo la esperanza de recuperar la vida que perdí.

Siempre te he admirado por todo lo que has conseguido con tu esfuerzo espero que algún día puedas entender lo que yo experimente y estas líneas te ayuden. Te quiero.

Rubén Delgado

Ser asperger

i Feb 16th 3 Comments by

Semana del Asperger. Comenzamos el lunes 16 de febrero. Hoy publicamos un testimonio de una persona asperger cuya infancia y adolescencia transcurrió en medio de dificultades e incomprensiones de su entorno. Nos cuenta sus experiencias en la convivencia interpersonal y gracias a ella vamos a tomar conciencia de que las personas con Síndrome de Asperger no siempre tienen la vida de un personaje de televisión, ni de un genio de la ciencia. Desmontar mitos, poner los pies en la realidad, y tomar conciencia de lo que es ser asperger y vivir con alguien con asperger es un camino lleno de espinas, que sufrimos en nuestra alma mientras buscamos las rosas a las que tenemos derecho. 


El síndrome de Asperger para mí ha significado una vida llena de obstáculos. Los demás me dicen que soy un ejemplo de superación pero en realidad no soy más que un organismo biológico que se ha estrellado tanto con la realidad que de algún modo y otro ha llegado a donde está. No considero que haya llegado lejos, sólo sé que todos los días sobrevivo de la misma forma que una persona no puede morir si decide dejar de respirar.

La convivencia es dura y difícil, siempre me han forzado a convivir con la gente: con mi hermana, con mis compañeros de clase, con la familia, los hijos de los amigos de mis padres. La convivencia nunca salió de mí espontáneamente salvo en condiciones excepcionales y me ha costado mucho entender que si nadie cuida de mí como si fuera un bebé, moriría de una forma lenta y dolorosa.

Me fui de casa antes de cumplir la mayoría de edad con la intención de estudiar, pero una de las mayores razones por las que decidí irme fue la gran presión a la que estaba sometida en mi núcleo familiar. Llegué a una casa donde por razones desconocidas me dijeron que debía abandonar a pesar de pagar el alquiler y diversos gastos que no me correspondía pagar, sólo viví allí un mes y medio. Me mudé a otra casa donde la dueña ponía la tele a un volumen tan alto que no me dejaba dormir, aguanté tres meses allí. Posteriormente, llegué a otra casa donde alquilé habitación a una señora mayor y con la que no llegué a estar ocho meses; decía que mi comportamiento le superaba, tendré Asperger pero conservo muchas características aún atribuidas a los “locos” y que asustan a la gente. Suelo mirar fijamente a las cosas que me causan fascinación como el agua burbujeante cuando hierve, algún punto fijo en una ventana y desconectar de lo que dicen los demás; otras veces no puedo evitar perder el control cuando pasa algo contrario a lo que no esperaba que pasara, grito, lloro y me golpeo la cabeza durante horas. Cuando me dijeron claramente que ya no podía estar allí, me llevaron a casa de otra persona mayor para evitar quedarme en la calle, eso sería una solución provisional en lo que encontraban un sitio más adecuado a mí. Esa casa provisional se convirtió en mi hogar por tres años, la sobrina de la dueña sabía de mi problema y me comentan que al principio no le agradaba la idea de saber que su tía tendría a una persona con un TEA. Me recluí más en mi habitación, conviví lo suficiente y di todo el cariño que pude a las dos personas que estaban allí, incluso exagerando mi forma de ser para evitar volver a ser rechazada. Muchas veces tenía crisis que ocultaba dentro de mi habitación y me ingresaron cuatro veces en el hospital por lo que me causaba tanta inestabilidad al conciliar la vida laboral con los estudios y el estar completamente sola, sin la ayuda de la familia. Desgraciadamente, me comunicaron que la dueña de la casa era tan mayor, que debía ir buscando otro sitio donde vivir para evitar encontrarme con mi casera fallecida y yo sin saber a dónde ir.

La idea de una residencia para estudiantes simplemente me aterraba y cada vez que me daban esa solución las psicólogas y trabajadoras sociales, no podía evitar entrar en la crisis aspie (gritar, llorar, golpearme). No podía concebir vivir en un barrio distinto al que ya conocía, tener que compartir habitación o en su defecto compartir comedor con otras personas, con tanto ruido, tener que estar obligada a saludar y hacer la serie de cosas que tanto cuestan y si se me olvidan, se quedan en mi registro de “persona descuidada, egoísta”.

Encontré la posibilidad de alquilar una habitación en un piso compartido. Se les comunicó a mis compañeras acerca de mi problema y ellas aceptaron sin problema estar conmigo, hay una imagen falsa en la cultura popular y todos esperan de mí la imagen de una persona excéntrica, obviando los comportamientos más autísticos: la adhesión a las rutinas, el entrar en crisis cuando algo no encaja bien, la ansiedad ante un cambio drástico o fuerte como la llegada de las vacaciones o simplemente hacer movimientos raros típicos de los “locos”.

Ser aspie en un piso compartido se redujo a esto:

Si estamos en el salón y hablamos en italiano entre nosotras, no queremos ser interrumpidas diez veces al minuto con el cuento de como te fue el día. Y esto no porque somos malas ni gilipollas, ni porque no nos interesa nada de tu vida. Es que estamos hablando de cosas nuestras y estamos concentradas en el asunto. No queremos tener que encerrarnos en la habitación cada vez que queremos charlar. Cuando terminemos o hagamos una pausa en la discusión podremos hablar contigo sobre tu día y escuchar con interés tus cuestiones….

Trata de interesarte un poco más de nuestra vidas. Y eso no porque seamos sentimentales, sino porque es fundamental en la convivencia. Nada me ha sacado más de quicio como esa vez que me llamaste en el trabajo, y no porque me llamaste, sino porque me ha hecho evidente que no me estabas haciendo ni puto caso. No solo había charlado un millón de veces sobre el hecho de que mi jefe no permitía los móviles, sino que pensaba que después de 4 meses te habrías enterado de cuáles eran mis horarios… y es que escuchas solo lo que quieres escuchar y te acuerdas solo de lo que atrae tu atención. Y atrae tu atención solo lo que está dentro de tu órbita de interés. Trata de ampliar un poco tu órbita de interés o espacio de interés o como lo quieras llamar, es mejor para todos, en primer lugar para ti.

Ser aspie es no saber realmente cómo comportarme y desconocer en qué momentos hay que aplicar dichas reglas. Si las aplico siempre, me intereso poco en los demás; si las aplico de otra forma, soy una pesada ¿cómo calcular el punto exacto? eso al menos para mí es imposible.

No sé que te ha pasado exactamente esta mañana, pero no me hizo mucha gracia tener que desayunar a las putas 7 de la mañana contigo mirándome fijamente… Eres la persona con más falta de perspectiva que haya conocido nunca: es posible que tú sigas pensando que esto de tu convivencia con los otros está funcionando, mientras que simplemente la gente se adapta a tus necesidades y te soporta, porque no has evolucionado nada, porque tu relación con los demás sigue siendo la misma… Has aprendido a seguir unas reglas de convivencia particulares que no serán aplicables a ningún otro entorno en el que vivas en futuro… La que me ha convencido de que el coeficiente intelectual no sirve de una puta mierda para medir lo lista que es una persona. Es que estás loca, tía. Justo tú, que no tienes imaginación, vives en un mundo de fantasía, un mundo que no es el real… Deberías de vivir sola, porque es verdad que no estás lista para convivir.

El tiempo que hemos perdido explicándote las cosas y no ha servido de nada, sigues repitiendo los mismos patrones… Y lo peor es que estoy pensando ahora que de todo esto no entenderás un maldita mierda. Entenderás las palabras, pero el significado?… Estoy desilusionada, y esto también me pregunto si podrás entender por qué.

No pasó un año de intento de convivencia hasta que me fui, descarté volver a compartir piso, descarté las residencias, descarté vivir con señoras mayores. Afortunadamente, encontré una oportunidad para alquilar un piso a buen precio y para mí sola. Me costó hacerme cargo de mis necesidades básicas, pero mi rutina de trabajo y estudios me permitían tener un orden en un mundo tan caótico. Intenté empezar una relación de pareja con la que posiblemente conseguiría una estabilidad y organización de mis tareas en casa, la idea de la mudanza era sumamente estresante y tuve varias crisis por lo mismo hasta que accedí a vivir en una zona más cercana a su sitio de trabajo y así conseguir facilitar la relación.

Esta persona estaba notificada de mi condición, pero actualmente se conoce al asperger como una persona excéntrica sin más y obvian las verdaderas razones por las que estamos catalogados como una condición psiquiátrica real y no una simple moda. Cito algunas de las razones por las que mi amago de relación no funcionó y son las mismas por las que absolutamente todas las personas me han abandonado:

Inestabilidad emocional: ante la fatiga, ruido, olores agresivos de forma prolongada durante aproximadamente 1 hora, desemboca a menudo en conducta irritable, contestaciones sin modales, golpes en la cabeza… Comportamiento egoísta, o aparentemente egoísta. Puede ser causado por su síndrome, al tener dificultades para empatizar, o por egoísmo consciente… Egoísta con el tiempo dedicado a los demás…

No era capaz de acompañarle a salir con los amigos, eso me agotaba y desestabiliza demasiado. No conseguí disfrutar del viaje que hicimos con su familia por la falta de horarios, el caos total y constantemente estaba nerviosa o irritada. Perder el tren de regreso a casa fue lo que desató finalmente mi parte más incontrolable: golpes en la cabeza, gritos, llorar, pataletas incontrolables y que no son aceptables en un adulto.

Finalmente, mi condición me llevó a la ruptura de la relación y a otra mudanza.

El Asperger me supone una situación incompatible con la vida: el rechazo de mi familia, el rechazo de los desconocidos, el rechazo de una pareja, la imposibilidad de tener a alguien que sustituya la falta de mi familia y condenarme a la soledad de por vida. La soledad me permite ser quien soy de verdad y que nadie me repudie más, la soledad a la vez me hace vulnerable: no consigo organizarme los fines de semana o los días festivos si no tengo un apoyo externo. Si me quedo sin trabajo estaré condenada a irme a la calle al carecer de un verdadero vínculo genético que me acepte como soy y aguantarme pase lo que pase: con todo lo que tengo y soy.

A.P.H.

¿FAENAS DEL DSM-V?

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Ando estas semanas observando y dando vueltas a las redes sociales y medios de comunicación que se ocupan de la diversidad, y estoy preocupada. Hoy me gustaría compartir con el amable lector esta preocupación.

Se sabe que el DSM-V incluyó el síndrome de asperger como trastorno del espectro autista. Debo decir que para mi modo de ver  fue una buena decisión. Tanto por mi experiencia vital de persona con asperger, como por mi trabajo en actividades sociales compartidas entre personas autistas y asperger, yo siempre percibí que éramos ramas de un mismo árbol. Elo añadido al hecho de que mi diagnóstico infantil, en el año 69 del pasado siglo fue el de autista, cuando en España no se hablaba aún del síndrome de asperger.

Transcurrido un buen número de meses desde su publicación en mayo de 2013, hemos tenido tiempo de pensar y ver sus primeras aplicaciones. Y yo he visto, con tristeza, que el síndrome de asperger ha ido perdiendo entidad y atención, diluyéndose en el llamado espectro del autismo, del que suena sólo la palabra autismo sin dar mayores explicaciones. Y ya sabemos que la palabra autismo se asocia popularmente a la parte del espectro que conlleva altas afectaciones intelectuales y elevados niveles de dependencia. Esto tiene una consecuencia: los recursos, escasos y menguados por mor de la crisis, la visibilidad y los apoyos se están derivando a esta parte del autismo que aparentemente necesita mayor aportación de recursos, perdiendo visibilidad el síndrome de asperger. Y yo no digo que no haya que dedicar recursos proporcionados, y que se debe exigir que los derechos y necesidades de las personas con autismo sean respetados y atendidos por igual orden; digo que tengo miedo a verme una y otra vez condenada a la monserga que escuché durante toda mi infancia y juventud: ¿Cómo vas a ser autista si eres muy lista?

Me da miedo que la sociedad, incluso la parte de la misma que apoya la discapacidad, olvide que hay miles, cientos de miles de personas (que en puridad conforman el mayor ratio del espectro autista) que aun no siendo discapacitados intelectuales necesitan –necesitamos- apoyos para que nuestra calidad de vida no se vea mermada; y que con ese olvido perdamos de vista nuestra inclusión normalizada. Esa a la que todas las personas diferentes y/o en minoría tienen derecho.

Nunca antes la semántica me había resultado tan irritante. Me gustaría alzar la voz para decir que si se ha consensuado diluir el síndrome de asperger llamándole autismo nivel 1, que se hable a la vez de las diferentes e irrenunciables medidas de apoyo que necesitan las personas que conforman este nivel. Y que se defienda que TODOS los individuos con autismo necesitan apoyos. Que se sepa que a la gran mayoría de nosotros nos discapacita el entorno y no nuestra carencia de habilidades llamadas sociales (o nuestras capacidades diferentes, para quienes manejan el lenguaje social). Que hay una mayoría de individuos dentro del espectro autista que se hallan muy cerca de conseguir una vida plena y normalizada, para lo cual se debe hablar como entidad diferenciada dentro del espectro, del conocido hasta ahora como síndrome de asperger, ahora llamado autismo nivel 1. ¿Sabéis por qué? Porque las necesidades de inclusión y apoyos son bien distintas según los niveles establecidos por el DSM-V y todas han de atenderse y reconocerse de forma diferenciada.

Para mí, ser autista no es un problema vital; es mi naturaleza, y desde dentro de ella quiero ayudar a mis compañeros, crear comunidad, aportar valor a una sociedad a la que tengo derecho, aunque sea minoría dentro de la misma. Y, por supuesto, quiero luchar para que otras personas autistas que han nacido con altas discapacidades intelectuales tengan lo que les corresponde por el simple hecho de haber nacido. Y si eso hay que reclamarlo lo haremos, alto y claro, los que tenemos la suerte de ser autistas y poder convertirnos en la voz de los que no tienen voz.

Para ello, si me permiten la reflexión, quería apelar,  en primer lugar a las entidades que hasta ahora se han ocupado del autismo de alta afectación, el de actual nivel 3, para que hablen de autismo como espectro y que abran sus brazos a esta integración que no vamos a poder eludir. Y también a las entidades de apoyo a las personas con asperger a que expliquen a sus miembros que son, somos, personas con autismo. Unamos fuerzas y recursos, porque no sólo estamos luchando para nuestros hijos hoy diagnosticados, para nuestros adultos con alta dependencia, para nuestros jóvenes en búsqueda de empleo y de una vida autónoma. Estamos trabajando para que las nuevas generaciones de autistas, que vendrán, tengan un poco más allanado el camino. Y porque si somos más hablaremos más alto, se nos conocerá más y se nos valorará en nuestra diversidad.

Me da a veces por pensar mal de esta sociedad nuestra. Y por  temer que si no damos pena, si no parecemos tener grandes dificultades, no despertaremos el suficiente interés para que se nos doten los recursos que son necesarios; esos que hacen falta  para que todas, y digo TODAS las personas con autismo, sea cual sea su nivel de afectación, tengan los apoyos que necesiten, de la forma que lo requieran y en el grado que lo precisen.

Y me pregunto yo: a ver  si el problema va a ser que las personas asperger, dentro de una idea preconcebida del autismo no damos la pena suficiente?   Tal vez ese sea el riesgo. O tal vez sea que yo me he obsesionado con esto, que ya se sabe que los asperger a veces somos muy obstinados.

 

Hasta que los corderos se conviertan en leones

i Dic 14th 2 Comments by

Los lectores habituales de este blog están acostumbrados a seguir mis opiniones y mi forma de ver la vida con los ojos de un asperger. No sé si alguno de mis escritos ha servido para llevarles optimismo, fuerza o ánimos para comprender y enfrentar una vida complicada, como es la de las personas con algún trastorno del espectro autista y la de las que forman sus círculos cercanos.

Hoy les necesito. Hoy necesito que me devuelvan un poquito de entusiasmo y ganas de seguir, alzándome una y otra vez. Quiero explicarles por qué.

Hace dos días todos tuvimos la oportunidad de conocer la noticia de que se enviaban a Arabia Saudí los primeros coches del tren de alta velocidad. Estos coches han sido fabricados por Talgo, una gran empresa ferroviaria española. Incluso han sido diseñados de forma especial para atender los requisitos de la familia real saudí. Y ustedes me dirán: ¿qué tiene eso que ver contigo? ¿qué tiene que ver con el mundo asperger?

Los que me conocen de cerca saben que hace casi tres años yo sufrí uno de los episodios más traumáticos que puede llegar pasar una persona. Sólo los padres de chicos que han sido acosados, hostigados, maltratados en algún momento de su vida; sólo los jóvenes y adultos de cualquier condición que se hayan visto apartados, ignorados, cuestionados y, por qué no decirlo, insultados de forma indirecta en su honor e imagen pública saben de qué estoy hablando.

Durante un cierto período de tiempo a mí se me fueron encomendados trabajos absurdos y de imposible cumplimiento. Uno de ellos fue el de diseñar estos coches que el viernes pasado salieron para Arabia Saudí. Yo llevaba más de un año aislada en un despacho, sin cometido, demandando respeto y protección. Recuerdo que todos los viernes a las diez de la mañana a mí se me citaba para someterme a extrañas sesiones de presión laboral con el sólo objeto, creo yo, de minar mi salud mental y mi equilibrio psicológico. Me gustaría mirar a los ojos a esa persona, que seguramente leerá estas letras y decirle: ¿recuerdas aquel viernes en el que me mandaste ver la película de Lawrence de Arabia para comprender el mundo árabe y que me explicaste que los árabes estuvieron en España durante 800 años?¿recuerdas que acto seguido me encomendaste hacer un diseño para el interior de los coches del tren de alta velocidad en Arabia?¿recuerdas que no era ni de cerca mi responsabilidad algo relacionado con tal cometido y que mis recursos eran nulos y mi aislamiento total?

Me creía curada de tanto daño. Sin embargo, no es así. Esta noticia ha recreado en mi mente, con el lujo de detalles que recrea la mente asperger, los episodios de sufrimiento entre aquellas paredes y hace dos días que volví a enfermar. Dos días encerrada en casa, en silencio, sin poder ni querer moverme, pensando si realmente en un mundo donde la maldad simple y pura existe merece la pena permanecer. Quiero huir, quiero dejar de vivir en el riesgo del recuerdo y la recreación cada vez que alguna noticia relacionada con mi pasado aparezca en los medios de comunicación. Quiero taparme la cabeza y no destaparla nunca. Y cuando estoy en ello oigo en la tele la frase de Robin Hood, esa que estaba escrita en su espada:

Álzate una y otra vez hasta que los corderos se conviertan en leones.

Y entonces pienso en que otra vez más tengo que alzarme. Sólo quien ha perdido todo puede perder el miedo. Yo no tengo miedo, pero no sé si tengo fuerzas. Por eso os necesito: para que las personas heridas por el desprecio de los humanos, estigmatizadas, señaladas por su diferencia, encuentren en vosotros, como un clamor, la fuerza para alzarse cada día; y cada día enfrentarse a un mundo en el que hay, simplemente, maldad. Y para que puedan dejar de ser corderos y renazcan en leones que miren de frente, cara a cara. Las personas asperger necesitamos apoyos porque bien sabéis que no reconocemos el engaño ni comprendemos la maldad en los otros. Porque estamos indefensos cuando se nos hostiga, se nos miente, se nos envuelve.

¿Sabéis qué me gustaría? Me gustaría pedir a Talgo que nos contara cuántas personas y durante cuánto tiempo han trabajado en el diseño del llamado Ave de los peregrinos. Me gustaría preguntarles si han visto Lawrence de Arabia y si alguien les sugirió que se leyeran la historia de España. Me gustaría pedirles que se unan a nuestra cadena para decir NO a la discriminación, NO al maltrato en el trabajo, NO a la encomienda de trabajos imposibles o absurdos.

¿Me ayudáis a decir NO? ¿Me ayudáis a alzarme una vez más?

No le hables de empatía a quien no has mirado a los ojos

i Nov 10th 20 Comments by

Nota de la autora: No está dedicado este post a quienes conocen, viven y trabajan a favor del autismo y en apoyo de la inclusión y el respeto a los derechos de las personas autistas. A ellos, abrazo virtualmente cada día. Dirijo mis palabras a los profesores que miran a otro lado y tachan de cosas de críos las burlas ante el niño que es diferentes, a los empleadores que se asustan cuando dices yo soy autista, y piensan que ya eres un ser menos valido, a los familiares que ante un niño, un adolescente o un adulto asperger o TEA se miran con consternación y piensan que no llegará a nada en la vida, también a las parejas de quienes siendo diferentes aman también, de forma diferente, a los jueces que nos consideran personas no creíbles cuando defendemos nuestros derechos, a los profesionales de la sanidad que se empeñan en que el nuestro es un problema de salud mental y nos neutralizan con medicamentos que destruyen nuestra alma y nuestro cuerpo. Dedico este post, en fin, a la sociedad en general. Por eso te pido que lo difundas tanto como puedas, porque queremos ser visibles y por tanto respetados y queridos.


Yo soy una persona asperger. Esto lo saben los lectores habituales de este blog. Lo que no sé si he comentado suficientemente es que, tal y como opina la doctora Temple Grandin, si me dijeran que mañana que podría dejar de ser asperger, me negaría a ello porque entonces dejaría de ser yo misma.

Debo tener bastante acusado el gen rebelde que configura nuestro cerebro asperger, o debo ser ya demasiado mayor como para haber comprendido que seas como seas, intentes aprender habilidades sociales o no, enmascares más o menos tu condición neurológica, al final siempre serás diferente. Simplemente porque lo eres.

Ser diferente no debería ser problema porque es algo natural, la base de la evolución de todos los seres está basada en la diferencia, en las mutaciones adaptativas. Sin embargo sí lo es cuando se trata de  los seres humanos. El llamado rey de la creación, no solo está acabando con todo lo que le rodea sino que, en contra de lo que cabría esperar de su mayor capacidad intelectual, tiende a eliminar a los de su especie cuando descuadran sus patrones generales. Busca encapsular, ignorar, no tener en cuenta como individuo pleno a quien,  por cualquier causa, no se parece a sí mismo y los suyos.

Panorama difícil para quienes, parecer ser, hemos nacido en el planeta equivocado. Y si sólo tuviéramos  que luchar por la supervivencia, no estaría mal. Lo malo es que para colmo, nos responsabilizan de nuestros aislamientos, alegando simplemente, que no queremos entender  a los demás: o lo que es lo mismo, que no tenemos empatía.

Empatía, según el diccionario de la RAE es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.  

  • Vaya señores, yo llevo más de medio siglo transitando por este mundo nuestro y no he conocido a nadie, repito: a nadie, que se haya identificado ni mental ni afectivamente con mi estado de ánimo.

Lo que sí he oído hasta el vómito son las siguientes frases.

  • Tienes que ser cómo los demás
  • Cambia tu comportamiento porque molesta a los demás
  • Finge para no ofender a los demás
  • No hagas, no digas, no seas como eres

Y muchas veces he sido social, he estudiado lo que llamáis habilidades sociales y de las que decís que carecemos, he callado (que no mentido) para no ofender a quienes no gustan de escuchar la opinión de otros. Todo ello con resultados agridulces; porque a menudo los demás no sufrían por mi causa, pero yo sí sufría por la suya. Sufría hasta llegar a enfermar.  Nunca nadie me preguntó por mi cansancio al final del día tras haber estado fingiendo durante horas; escuchando sus conversaciones vacías durante horas, sólo porque las ‘relaciones sociales’ son así. Nadie se preocupaba de mi soledad cuando me rechazaban o de mi necesidad de afecto y comprensión.

Nadie me ha mirado a los ojos y me ha dicho nunca:

¿cómo te sientes? – y se ha parado a escuchar mi respuesta.

Ah, claro, olvidaba que los autistas no tenemos sentimientos, que nos encerramos voluntariamente en un mundo aislado, y somos tan egoístas como para no desear participar en la sociedad…

Olvidaba que sólo pensamos en nosotros, que no queremos tener una comunidad, que no miramos a los ojos porque no prestamos atención, que contestamos sinceramente porque somos insolentes…

Tantos y tantos tópicos más que debemos romper cada día, a cada hora, todos los días de nuestra vida.

Esto, amigo llamado normal, que me lees hoy,  es muy cansado, provoca desánimo, a veces depresión, a veces nos lleva al suicidio.

Mírame a los ojos. Ponte en mi lugar. Sal a la calle. Imagina.  Hablas y no te entienden. Intentas explicar y te insultan. Se ríen de ti y tú no sabes por qué. Cuando pides ayuda, te dicen que no molestes. Cuando te callas para no molestar te dicen que no sabes estar en sociedad. Cuidas de tus personas amadas para demostrarles que las quieres y te dicen que eso no es querer. Te tachan de egoísta porque acabas yendo a lo tuyo; pero no te dejan participar en lo de los demás.

Y al final, cuando ya no puedes más, cuando te has cansado de intentar derribar el muro de cristal tras el que te han colocado, escuchas por enésima vez la frase

Es que no tienes ni pizca de empatía – y rompes, por dentro, a llorar

No es la zapatería de tu padre

i Oct 27th 1 Comment by

Se oye hablar, cada vez con más frecuencia, del acceso a la vida laboral para las personas asperger. Crece esta sensibilidad en las asociaciones, porque aquellos niños, hijos de los padres que se agruparon para buscar su mejor apoyo vital, hoy son jóvenes con deseos de acceder a una vida adulta garantizada. Y para ello, asociaciones como la de Asperger Madrid o la Fundación Ángel Rivière desarrollan programas específicos para adultos.

Pienso a menudo que por fin se toma conciencia de que a las personas TEA, como digo con frecuencia, no nos abducen los extraterrestres al llegar a los treinta. También me pregunto si no se está trasladando la sobreprotección y el tutelaje de la infancia a períodos vitales que lo que necesitan es libertad y aprendizaje del propio error.  Y de este aprendizaje del error cometido por uno mismo, es de lo que quisiera hablar hoy.

Hace algunos años, yo trabajaba en el Museo del Ferrocarril de Madrid.Como Subdirectora, y mis funciones eran las de organización de las actividades y control de la gestión económica entre otras. Mi superior, Director del Museo, acostumbraba a decir que si no hubiera una Carmen Molina habría que inventarla, porque gracias a la implementación de una serie de procesos organizativos (muy determinados por mis capacidades asperger), muchas cosas funcionaban como piezas de una maquinaria bien engrasada. Sin embargo, yo hice del Museo del Ferrocarril mi foco de atención vital (quienes sepan de asperger tienen claro de qué hablo) y mi preocupación y ansiedad por cada uno de los detalles de su funcionamiento pronto convirtió pasión en obsesión.

Mi jefe me decía –Carmen, tranquila, que esto no es la zapatería de tu padre. Me explicaba que en las empresas todos somos engranajes de una maquinaria mayor que nosotros no movemos. Me decía que el alcance de mi responsabilidad era hasta donde debía llegar mi preocupación. Y yo me enfadaba. En realidad, no paré de enfadarme un día tras otro hasta que enfermé de obsesión. No había aprendido la estrategia POPA (Para, Observa, Piensa y Actúa); y lo hacía justo al revés. Actuaba, pensaba en qué había hecho, observaba sus consecuencias y después me quedaba paralizada. Esto me pasaba principalmente en lo que respecta a las relaciones sociales: entre compañeros, subordinados o superiores. No tener conciencia de ello me convirtió en un ser débil e hizo que emergiera lo peor de cada casa en forma de críticas destructivas, envidias no disimuladas, zancadillas y puntapiés no controlados. Afortunadamente, un proceso de trabajo bien construido llega a ser más sólido que las personas que lo crean y ejecutan, y la institución, una de las más conocidas en el ocio cultural de Madrid, alcanzó resultados nunca antes logrados en cuanto a calidad de la oferta y número de visitantes. Porque aquello no era la zapatería de mi padre, pero mi amor por cada una de las piezas de ese museo hizo que se pareciera mucho a mi familia.

Reflexiono ahora,  seis o siete años después, y creo que lo que falló fue la comunicación. Una vez más.

Recuerdo las palabras de mi director: Tienes tan buenas ideas que todos te seguirían si las explicaras con frases más largas. Yo no sabía qué me quería decir. Ahora sí lo sé. Una vez más el lenguaje asperger: literal, contundente, sin tonalidad…. Cuántos problemas nos genera a las personas que así nos comunicamos en un mundo en que se promueve la artificiosidad del lenguaje; donde una opinión ha de parecerse a una disertación para no herir, una orden ha de darse de forma que no parezca una instrucción sino un ruego; los plazos, aun fijados de antemano, se consideran orientativos, y si alguien por medio está dominado por cualquier emoción aun ajena al contexto, el escenario cambia y todo ha de reinterpretarse. Así día tras día. Un entorno agotador para mentes hiperlógicas, organizadas, y literales.

Aprendí tres cosas de esta experiencia:

  • Hay que trabajar con pasión, pero siendo consciente de que no puedes responsabilizarte de lo que no está en tu área de alcance.
  • Las personas asperger somos minoría en un mundo social en el que se maneja un lenguaje que nos es extraño, lleno de adornos, paráfrasis, frases hechas y tópicos. Debemos mantener nuestra diferencia porque es sobre la que se construye nuestra fortaleza; pero tenemos que ser conscientes de que hay que hablar social porque si no, nuestro estilo comunicativo generará rechazo y malestar.
  • Hay que defender cada día, cada hora, en el puesto de trabajo que nuestra diferencia no nos hace ni incapaces, ni inválidos; sino personas a menudo brillantes, y siempre profesionales éticos , leales y sinceros.

Y adquirí un compromiso: Hablar del síndrome de asperger en los ámbitos de la empresa, aun a pesar de tener que  enfrentar las miradas de refilón, la pérdida de prestigio que desgraciadamente conlleva declararse diferente, y ver cercenada mi carrera profesional porque nadie confía en un diferente para dirigir y marcar un camino. 

Yo sé que perderé la batalla. Pero sobre mi experiencia, como sobre las de muchos profesionales asperger que cada día se mueven con grandes dificultades y sin apoyo alguno en el mundo laboral, crecerán las bases que servirán a los chicos y chicas que hoy están protegidos y tutelados para convertirse en ciudadanos de pleno derecho, libres del acoso y la burla, capaces y respetados. Y sé que al final, se ganará la guerra.

No somos Nexus 6

i Sep 26th 5 Comments by

Esta semana hemos tenido debate en la oficina. Hablaban, yo no, de Blade Runner, la película. Yo no entiendo la ficción, ni en cine ni en literatura y, a pesar de las insistencias de mi marido, forofo de la obra, nunca había visto la película.

Todavía no la he visto. Estoy leyendo el libro en el que está basada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick , después de que Rubén me haya explicado paso por paso la trama y sus connotaciones, ya que soy de las que se lee el final nada más empezado el libro. No me gustan las sorpresas, nunca, de ninguna clase, ni siquiera en mi actividad lectora.

No voy a opinar de lo que parece ser que tanto se ha hablado y en cuyos  contenidos soy novata. El caso es que mi compañera de mesa me ha enviado el enlace que les copio en el que se habla de empatía: http://www.jotdown.es/2014/09/blade-runner-y-que-es-lo-que-nos-hace-humanos/

En la película Blade Runner se considera que el signo distintivo de los humanos es la presencia de empatía, de la que carecían los androides y que se detectaba a través de un determinado test. Me ha sonado a conocido; también a las personas TEA se nos adjudica la ausencia de empatía en función de lo que los llamados normales entienden por tal: (DRAE) Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

No tienen razón. Yo entiendo instintivamente las emociones de mis iguales, las personas asperger, y además las comparto en el mismo momento y por los mismos motivos. También puedo entender, si me avisan de lo que están sintiendo, las de mis amigos sociales. La diferencia viene de que el motor de esa empatía en mi caso, en el caso de las personas TEA, no coincide con el de los llamados neurotípicos; por eso necesitamos que nos avisen. Yo he sentido la soledad, la tristeza, el miedo y la angustia y sé en qué consisten estas emociones. Si los seres humanos no autistas simplemente dijeran, me siento triste, nosotros entenderíamos y compartiríamos esa emoción porque sabemos muy bien en qué consiste, aunque no sepamos identificar la tristeza en sus rostros. No percibimos la comunicación no verbal, no asociamos gestos a emociones y por eso no sabemos de forma instintiva qué sienten aquellos que nos rodean. ¿Debemos ser tratados de androides por eso?

¿Cómo es la sociedad tan ingrata como para catalogarnos de fríos, egoístas, no empáticos, cuando lo que somos es ciegos? Sí, amigos, ciegos sociales. Nadie toleraría que a un invidente se le criticara por no ver los colores y no poder interpretar un cuadro. ¿Por qué a nosotros se nos exige que percibamos lo que nuestro cerebro no nos permite leer? ¿Les parece justo? ¿Cuántos de Vds., los llamados normales, se ponen en nuestro lugar?

No somos Nexus 6, o tal vez sí. He leído las palabras finales de la película, y el androide cuyo tiempo vital había terminado muestra más empatía hacia su cazador, al salvarle, que la que hubiera sentido éste al retirarle (que es como llaman en la película a matar un androide):

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…, atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán… en el tiempo… como lágrimas en la lluvia… Es hora de morir.

La falta de empatía de los blade runner en la película, su certeza de estar en posesión de la verdad, les llevó a ignorar a los androides, quienes a base de autoconciencia habían llegado a ser más humanos que los  mismos humanos.

No nos llaméis androides, no nos hagáis tomar conciencia, falsa conciencia, de nuestra carencia de empatía. Dejadnos ser, y busquemos un espacio donde encontrarnos en la diversidad.

Al final, voy a querer ser un Nexus 6. ¿Y tú?

Voy a dedicar este post  a Marian la mamá de un niño que se encuentra hoy confundido en su incipiente adolescencia asperger, con mi afecto muy particular.