De buen rollito

De buen rollito

i Jul 17th 1 Comment by

Hace unos meses desde Sinteno tuvimos el honor de abordar en nuestra Jornadas Anuales una temática siempre candente: el problema del acoso y hostigamiento a personas con trastorno del espectro autista.

Alguien traerá a su cabeza una frase hecha que planteamos el otro día en nuestro grupo asperger: ¡¡¡Y dale molino!!!! (Esta expresión quiere decir que estás una vez y otra con el mismo tema). Y, desde luego, es que hay que darle al molino para que muela. Eso está claro. Y aquí seguimos, como corresponde, dándole al molino.

En aquella Jornada, hablaron otros. Hoy hablo yo. Los seguidores de este blog ya sabrán que soy una persona que nací con el llamado Síndrome de Asperger; un toque que me diferencia de la mayoría, que me hace traer conmigo, como los coches, valores de serie (frase acuñada por mi muy querida amiga Mª Xosé Porteiro, cuando habla de los aspies): valores de honestidad, sinceridad, y respeto a las normas, muy por encima de la media. Valores de justicia y transparencia, de inocencia e ingenuidad. Y como todo en esta vida cuando se tiene un plus, se paga por ello. Las personas TEA pagamos, y muy caro, ser diferentes.

Mi vida cambió un 3 de febrero de 2010, cuando tres personas de mi entorno laboral decidieron denunciarme por mobbing. Una conducta vergonzosa, que yo detesto especialmente por lo que de desprecio al ser humano y su valor inalienable tiene; una conducta propia de psicópatas y malas personas; una conducta, imposible de llevar a cabo por una persona asperger. La alta consideración del valor de la Justicia, del seguimiento de las normas, del respeto a los roles laborales, unido al hecho indiscutible de una falta de implicación emocional en el sentido normalizado de la palabra hace que en nuestro entorno laboral nos ajustemos a desempeñar nuestro papel y respetar escrupulosamente el papel de los demás; a seguir las normas y cuando somos responsables de equipos, a hacer que se sigan, y todo ello sin filias ni fobias. Un asperger no persigue, no es capaz de mantener el grado de atención suficiente que requiere la desvergüenza de lo llamado acoso laboral, no puede odiar con la intensidad necesaria que exige la tarea vigilar permanentemente a un ser humano para buscar su mayor daño y dolor (desgraciadamente, tampoco podría si buscara su máximo disfrute). Un asperger nunca podrá ser un psicópata, nunca considerará a un ser humano como un objeto, ni disfrutará con el juego del daño ajeno.

Esto mis denunciantes no lo sabían. Tampoco importaba. Disfrazar la realidad, adecuar el escenario, manipular con llantos y lamentos, con indignaciones y desplantes, buscando fines personalistas es fácil para quienes creen manejar la escena y tienden a pensar que los demás no se dan cuenta de nada. Hecha la investigación interna, mi empresa dictaminó que no se había producido situación alguna de acoso por mi parte. Se produjo una inspección laboral, subsiguiente, que tampoco encontró rastros de conductas relacionadas con el acoso imputable a mi persona. Se interpuso una tercera denuncia ante el Juzgado de lo Social, con posterior retracto de las denunciantes, que eso sí, pactaron un acomodo laboral que favorecía sus intereses personales. Pasó más de un año y mi daño moral fue tan intenso que debí ser tratada psicológicamente. Fui tan imbécil que intenté más de una y más de dos veces buscar mediadores que nos llevaran a sentarnos en una mesa, con la ingenuidad de que un diálogo sincero nos permitiría acercar posturas. No fue así y el tiempo pasó de largo.

Una vez más mi condición natural me llevó a creer que la Justicia (esa con mayúsculas) era algo humanizado. No lo es. Y a día de hoy no sé si sería bueno que lo fuera habida cuenta de la capacidad para la hipocresía, la mentira y la maldad que va unida a los seres llamados humanos. El hecho es que si todo lo que habían alegado en mi contra fue reconocido como no constitutivo de delito alguno por diferentes instancias institucionales, si a pesar de ello estas personas habían repetido de forma pública y privada, en entornos personales y laborales sus acusaciones basadas en nada, y me dije: alguien tiene que decir que todo esto es mentira.

Y abrí una denuncia por la vía penal. Me equivoqué. Sí, debo y quiero reconocerlo. Me equivoqué porque pensé que un juez tendría cercanía suficiente como para entender que las cosas una vez se pueden hacen de forma inconsciente; pero hasta tres veces seguidas, ya no. Me equivoqué porque pensé que un juez se tomaría el tiempo suficiente para escuchar a las personas. Me equivoqué aún más porque creí que un tribunal era un sitio donde no se podía preguntar a una persona si era una enferma mental, y dejar el tema en el aire como quien habla del pelo rubio.

Mal, mal por mi parte seguir confiando, seguir pidiendo que simplemente se me diera la palabra a mí, a los expertos en asperger, a mis compañeros y subordinados. (No olvidemos que la obstinación es una de las características de las personas TEA, y la falta de cálculo en todo aquello en lo que medien relaciones entre humanos)

Ayer recibí la respuesta a mi recurso de apelación  ante la Audiencia Provincial, por el cual se desestima definitivamente mi denuncia ya que se considera que en mis persistentes denunciantes, y a tenor de las pruebas presentadas, no hubo intención de perjudicar mi imagen personal o social. Desde luego respeto la consideración de la Audiencia; sin embargo mantengo que si se hubieran practicado mejores pruebas, si se hubiera analizado a las personas, si se hubiera querido buscar lo que no se quiso, tal vez, y sólo tal vez, la resultante hubiera sido otra.

Lo que viene a decir es que me denunciaron, pero de buen rollito. Que insistieron una y otra vez en falsedades acreditables como tal por cualquiera que me conozca y conviviera conmigo en aquel período laboral, pero sin querer hacer daño. Entre colegas, ya se sabe. Hoy te denuncio pero mañana te invito a café.

Me explota mi cerebro asperger. No sé cómo se puede mentir de buen rollo, cómo inventar exagerar, desprestigiar; cómo se puede estar dos años continuados hablando mal de una persona, sin querer dañarla. Será si así lo dicen.

Y de buen rollito les digo a aquellas mis compañeras y a quienes las acompañaron en ese periplo que les agradezco que hayan sacado lo mejor de mí. Que gracias a sus conductas en presunta defensa de sus presuntos derechos, yo estoy sentada hoy aquí frente a mi ordenador hablando de asperger, hablado de autismo y hablando de inclusión social y laboral. Que gracias a ellas comprendí que no todo el mundo trae valores de serie. Y gracias a ellas dedicaré todo el tiempo de que disponga en mi trayectoria vital a hablar de autismo, a hablar de asperger y a luchar para que en cualquier entorno, también en el laboral, se respete el valor de la diferencia, el valor de la honestidad y se proteja a aquellos que no perciben, que no percibimos, la hipocresía de quienes la ejercen como herramienta de comunicación permanente.

Gracias, queridas.

Cuando el acoso no es en la escuela

i Feb 21st No Comments by

Oímos con demasiada frecuencia sobre los casos de acoso escolar. Sabemos que nuestros niños y jóvenes asperger son objetivo predilecto para los pequeños maltratadores que no han sido enseñados a respetar y a apreciar a los que son diferentes. Les defendemos, luchamos por ellos, y pedimos justicia e inclusión.

No se oye tanto hablar del acoso laboral y el riesgo psicosocial en que se encuentran las personas asperger cuando acceden al mundo laboral. Al hecho en sí de encontrar trabajo, que ya lo tienen difícil, se une la primera duda:

¿Hablo o no de mi trastorno?

Si no lo hago, seré catalogado de raro en cuanto mis habilidades sociales aprendidas (si es que el sujeto ha tenido la suerte de hacerlo) patinen un poco. Me obligaré a mantener durante horas interminables un control sobre mi expresión corporal y verbal, que puede llevarme al agotamiento y a pensar que ‘no soy bueno para nada’.

Si lo hago, me voy a encontrar con que en las evaluaciones de riesgos laborales no se contempla el síndrome y sus connotaciones, con que la mayoría de empleados y empleadores no han oído hablar de él. Oirás la frasecita ‘pero si pareces normal’, en boca de los incrédulos; y a la primera discrepancia te pondrán la etiqueta de ‘este está chalado’, sin pararse a pensar en cuál es tu diferente capacidad ni en conocerte.

Hay más, no se crean. La condición de asperger va con frecuencia unida a una inteligencia brillante y a una capacidad de especialización muy por encima de lo habitual; así que, si tienes la suerte de trabajar en aquello que es el objeto de tus intereses, despertarás, sin saber qué es eso, ni haberlo experimentado nunca, envidias en los trepas, celosos, y acosadores.

Con estos mimbres nuestro personaje teje su cesto de agresión. ¿Quién es él? El acosador, ese psicópata que se alimenta del daño que produce a sus semejantes. Que encadena en su vida una sucesión de tragedias personales provocadas para su placer personal. Porque su objetivo no es que pierdas tu trabajo, sino que lo pierdas sufriendo y que nunca más puedas volver a ser un individuo completo. Si eres asperger te conviertes en víctima propicia: crees que lo que te dicen es verdad, eres incapaz de entender qué te está pasando ni por qué. No sabes responder a sus señales de odio, a sus dobles sentidos, a sus intrigas para desacreditarte. Y cuando te das cuenta es ya demasiado tarde. Ya eres un zombie, tan dañado, tan sin alma que te limitas a huir o a vagar como un espectro.

Entonces llega el momento de quererte, de saberte valioso y necesario, de pensar que la vida no sería igual si tú y las personas como tú no estuvierais en ella. Y es entonces; sabiendo quien eres, entendiendo que tú no eres el culpable sino la víctima, cuando debes alzar la voz, denunciar a tu maltratador y luchar para que sea desenmascarado. Hablar para que tu testimonio avale el de tantos otros que no saben ni pueden hacerlo.

Tú eres un ser especial, un ser que no sabe de mentiras, de disimulos. Y sobre todo NO SABES DE MIEDO. Sé libre, sé valeroso, defiende la justicia y vive con honestidad: SE ASPERGER.

Si tienes dudas lee nuestras Recetas para zombies

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Carmen Molina Villalba (Gestora Cultural, Presidenta de la Asociación Sinteno, Persona con Síndrome de Asperger)