Hormigas y fuegos de colores

Hormigas y fuegos de colores

i Oct 25th 4 Comments by

Esta mañana, entre los mensajes en las redes sociales con los que me desayuno, he leído uno en el que una madre de un niño autista contaba la experiencia que vivió cuando su hijo, al oír una de sus canciones favoritas, se puso a saltar y a agitar las manos en plena calle. Se hacía esta pregunta: ¿De verdad buscamos que se comporten o nos da vergüenza que sean auténticos?

Cuando yo era niña, nunca fui consciente de que mis comportamientos fueran llamativos o estuvieran fuera de lugar. Recuerdo alguna reprimenda y algún ‘eso no se hace’, pero como no explicaban por qué no había que hacerlo, la verdad es que no hacía demasiado caso. Cuando crecí, empecé a repetirlo que se ha convertido en el mantra de mi vida: ¿por qué no se hace?

  • Eso no se hace
  • ¿Por qué?
  • Porque nadie lo hace así 

Lo dicho: el mantra de mi vida. A mí hay dos cosas que me emocionan sobre manera: las hormigas y los fuegos artificiales. 

Me gustan las hormigas, me fascina que caminen en fila; ordenadas, decididas, funcionales. Cuando era niña las miraba durante largos ratos embobada. 

Patio del colegio. ‘¿Juegas?’. ‘¡¡¡No!!!. Y yo mirando hormigas.

Casa de mis tíos en el pueblo. ‘Ven a saludar a los tíos!’. ‘¡¡¡No!!!’ Y yo mirando hormigas.

Mis tíos tenían una casa con patio en el que yo acababa de descubrir una fila de hormigas con sus pulgones. Caminaban no muy rápido por el borde de un banco de piedra. Y yo lloraba. Lloraba sin parar. 

  • ¿Qué te pasa? – mi madre. 
  • ¿Qué le pasa a la niña? – mi padre.
  • ¡Las hormigas! ¡Van en fila! – yo, llorando desconsolada.
  • Y cómo van a ir! Esta chica es boba- mi madre arrastrándome de la mano para que formara parte de la merienda social. 

Nunca comprendí por qué no se emocionaban como yo. Y aprendí a no hablar de hormigas y a no llorar de emoción al verlas.

Creo que a día de hoy puedo controlar casi todos los estímulos sensoriales menos la excitación ante los colores desbordantes de los fuegos artificiales. No puedo contenerme: salto, aplaudo, río, lloro… Hace 20 años estaba embarazada de mi hijo pequeño y fui a la inauguración de un parque de mi ciudad. ¡¡¡¡Fuegos artificiales!!!!!. y yo, con vestido de premamá saltando y aplaudiendo entusiasmada.

  • ¿Qué te pasa? – mi marido
  • Nada. Salto y aplaudo – yo.

Mis acompañantes se miraron en silencio. Tampoco en esa ocasión fui consciente de mi rareza. Les confieso algo: sigo saltando con los fuegos artificiales y emocionándome con las hormigas. Y les digo más: voy a seguir haciéndolo.

Dedicado a Ángela Corredor, de Mujeres TEA, a quien sigo y admiro. Carmen Molina