Hysteria (Parte 1)

Hysteria (Parte 1)

i Oct 30th 6 Comments by

Hoy he visto la película Hysteria y confieso que me ha hecho pensar en muchas cosas. Por eso hoy no hablaré de asperger, aunque habrá una segunda reflexión sobre ‘educación sexual y asperger’. Hoy hablaremos de Hysteria.

La película que propongo trata del médico que inventó el llamado masajeador eléctrico. Bien curioso es saber que era una herramienta para tratamiento médico que se aplicaba en consulta, y que vino a sustituir a la ‘manipulación manual’ que se hacía con anterioridad. Imagínense lo absurdo de la situación: señoras de la Inglaterra victoriana que iban a un médico para que le hiciera lo que vulgarmente llamamos una paja.

Hasta aquí lo jocoso de la historia. Ahora la parte de tragedia. Resulta ser que la llamada histeria fue considerada enfermedad hasta mediados del siglo XX, con síntomas tales como insomnio, inquietud, irritabilidad y retención de líquidos entre otros. Y resulta que a las mujeres que la padecían se las internaba en psiquiátricos y se les extirpaba el útero como medida terapéutica. Todo ello a pesar de reconocer más o menos directamente que la tal histeria derivaba de la insatisfacción sexual.

Hasta aquí, todos tranquilos, porque como hablamos de tiempos pasados…. Aquellos tiempos en los que….

1.- La mujer era obligada a casarte sin contar con tu voluntad

2.-No podía manifestar deseo sexual alguno, por tratarse de una conducta indecente

3.- Si una mujer se mostraba interesada en el sexo, o inquieta por el deseo sexual, simplemente estaba enferma

Y, ¿saben qué? Creo que no ha cambiado tanto la cosa. Ahora se dice que una mujer está mal follada cuando manifiesta mal humor o irritabilidad. Y esto se hace en todos los foros de relación social. Recuerdo mi experiencia personal cuando, en un desayuno en mi entorno laboral, tuve a bien hablar de filosofía constructivista como alternativa a los tediosos lunes de fútbol:

– ¿No te atendió tu marido anoche, que tuviste que ponerte a leer filosofía?

¡Mierda de sociedad y mierda de los muchos hombres que todavía piensan que una mujer necesita de su semen para estar equilibrada mentalmente!

Me gustaría que se pusieran delante de un espejo y que se preguntaran si con lo que tienen, y con lo que son, se consideran capaces de satisfacer a una mujer. Ya lo estoy viendo, la mayoría respondería con un rotundo SI y a continuación me dirían tu lo que estás es mal follada!.

También me gustaría que las mujeres habláramos alto y claro y no tuviéramos pudor en contar cuántas veces hemos fingido orgasmos inexistentes, cuántas veces nos hemos levantado insatisfechas, fingiendo una sonrisa de oreja a oreja para no dar explicaciones. A estas alturas, ya no sabría decir quiénes son más tontos: si ellos o nosotras. Yo, y no como consecuencia de mi afición a la filosofía, también tendría que reconocer haber fingido, y haber edulcorado uno o varias noches de pasión desastrosas, y pensándolo bien, creo que todavía no lo he hecho.

Hoy me parece un buen día para preguntar: ¿Hasta cuándo vamos a conformarnos con el sexo mediocre por no reconocer que ese día se nos dió mal?¿por qué tenemos que fingir placer cuando no lo sentimos, ni deseo por el otro cuando eso no existe? No sé si lo hacemos por miedo a los demás al qué pensarán de mí, o por miedo a uno mismo, que ya sabemos que negar el fracaso se nos muestra como la mejor salida en la mayoría de las ocasiones. Esto ya lo inventó el avestruz y lo venimos imitando los humanos con reincidencia pertinaz. Tampoco sé si esto tiene fácil arreglo en una sociedad como la nuestra en la que cada vez encuentra uno menos individuos adultos, tengan la edad que tengan.

Tal vez nos motive a sacar la cabeza de debajo del ala el saber que el vibrador eléctrico es el juguete sexual más vendido a día de hoy. ¿Te compras uno o hablamos de sexo?

 

Carmen Molina

Serie TEA en La aventura del Saber

i Oct 24th No Comments by

El programa de RTVE de La Aventura del Saber, ha venido ocupándose durante seis capítulos del autismo y sus protagonistas. Un gran trabajo que merece la pena no perderse. A continuación, los enlaces a los capítulos:

Capítulo 1 Trastorno del Espectro Autista: pincha aquí 

Capítulo 2 Día a día: pincha aquí 

Capítulo 3 Orgullo autista: pincha aquí

Capítulo 4 Manos a la obra: pincha aquí 

Capítulo 5 Mitos del autismo: pincha aquí

Capítulo 6 Un mundo de color naranja: pincha aquí

 

Testimonio de vida

i Oct 24th 1 Comment by

Quiero presentar a Raquel Montllor, educadora social y psicopedagoga, diagnosticada de síndrome de asperger (autismo nivel 1) en la edad adulta. Ella nos cuenta en primera persona sus dificultades para gestionar su vida ordinaria, y sus problemas en el ámbito laboral. Gracias, Raquel por tu valentía. Porque ser visibles nos hará ser conocidos y respetados.

Quién soy

Creo que el ámbito social está lleno de gente totalmente vocacional. Personalmente, siempre me ha interesado el campo social. Imagino que es porque durante mi infancia y adolescencia tuve muchas dificultades a nivel emocional en el ámbito familiar, escolar y social. Como seguramente se puede imaginar, durante mi juventud, era incapaz de expresar mis sentimientos, y tenía la sensación de que siempre me culpabilizaban  de  lo que pasaba. El miedo me paralizaba, y mi autoestima, identidad y comportamiento se resintieron, convirtiéndome en una persona negativa y depresiva. Yo siempre quise tener una familia “normal”, sintiéndome cuidada y amada, dentro de un ambiente equilibrado y cálido. Creo que de aquí vinieron las inquietudes para ayudar a las personas más desfavorecidas, ya sean niños, adolescentes, adultos o ancianos, fuera del ámbito escolar. Es decir, quería conocer todos los contextos para poder trabajar en el ámbito sanitario (como médico, psiquiatra, enfermera …), social (educadora social, trabajadora familiar, trabajadora social) o educativo (maestro de educación especial.). Quería ayudar a todo el que se pudiera sentir como yo: solo, poco querido, abandonado … Ya que todo el mundo se merece, al menos, una segunda oportunidad. Fui diagnosticada “oficialmente” con síndrome de Asperger a los 40 años.

Cómo soy

Generalizando, ya sabéis que las personas con síndrome Asperger muestran poca expresividad facial y tienen dificultades para leer el lenguaje corporal de los demás. Es decir, tienen un déficit persistente en la comunicación y en la interacción social, dando:

  • Escasa respuesta social, reciprocidad social y emocional.
  • Escasas conductas de comunicación no verbal utilizadas para la interacción social.
  • Dificultad manifiesta en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones sociales.
  • Conductas repetitivas y estereotipadas.

Y hasta aquí, la teoría. Porque no es solo como soy, sino como me siento. Así pues, os puedo asegurar que, una persona (yo) con Asperger os puede decir que …

  • Cuando estoy contenta me pongo nerviosa: salto, chillo …
  • Cuando quiero algo, lo quiero de inmediato.
  • A la hora de ponerme la ropa me hago un “lio” (jerseys al revés, calcetines de diferente color …)
  • Me gusta la rutina y no tolero nada bien los cambios imprevistos. Tengo rituales que tengo que hacer pase lo que pase.
  • A veces, necesito un guión para no perderme explicando muchas cosas a la vez (como ahora mismo).
  • No se como actuar ante ciertas situaciones.
  • Puedo hacer comentarios ofensivos sin darme cuenta.
  • Tengo problemas para interaccionar con otros.
  • Interpreto fatal los dobles sentidos. Tengo dificultades para entender las intenciones de los demás.
  • No sé interpretar intuitivamente los sentimientos de los demás.
  • Necesito saber explícitamente qué esperas de mí.
  • Hablo mucho pero no me interesa lo que me dicen los demás.
  • Me cuesta seguir las conversaciones largas y cuando estoy confusa cambio de tema.
  • A veces mi conducta no es la adecuada y puedo parecer muy maleducada (buffffffff … siempre digo lo que pienso, y no de la mejor manera)
  • Me cuesta mirar a los ojos cuando hablo. Me creo todo lo que me dicen aunque sea imposible.
  • (Dicen que …) tengo un sentido del humor muy peculiar.
  • Siempre estoy fascinada por algún tema.
  • La mayor parte del tiempo pienso, escribo y hablo de lo que me interesa.
  • No me doy cuenta que me puedo hacer pesada; y me enfado cuando los demás no me quieren escuchar
  • Cuando estoy nerviosa empiezo a dar vueltas y hacer preguntas de las que ya tengo la respuesta

Por mi profesión yo siempre pensaba en las persona con TEA como ‘los otros’. Os puedo asegurar que cuesta MUCHÍSIMO  pasar de la tercera persona del plural (ellos) a la primera del singular (yo). Pero, evidentemente, no todo tiene que ser negativo.

De hecho, considero que la empatía con personas “como yo” es un sentido que tengo muy desarrollado, especialmente si las trato de forma individual. Puedo percibir y actuar anticipándome para evitar o suavizar ciertos comportamientos. Asimismo, soy capaz de enfocar los problemas de formas distintas a las habituales y, seguramente por ser como soy, tengo una ENORME capacidad de trabajo.

En conclusión, a pesar de ser “Aspie”, siempre he deseado que las personas de mi alrededor estén bien (lo que, equivocadamente, me hacía pensar que mi estado de ánimo o mis emociones eran irrelevantes). El ser madre (y esposa) me ha hecho darme cuenta de que si yo no estoy bien, lo que me rodea tampoco lo está. Este es un cambio de perspectiva muy importante, al ser de negativo a positivo. Es, pues, un auténtico replanteamiento, una adaptación, que se convierte en un gran proyecto vital.

Volviendo a la profesión, mi experiencia más recurrente es que cuando le digo a la gente que tengo autismo, me ven como si no fuera capaz de hacer nada y me convierto en un problema (y me siento inferior, despreciada y desplazada, a veces , incluso, físicamente). Cuando no lo he dicho, he tenido la sensación de no poder expresarme ni mostrarme tal como soy (ni “negativamente” ni positiva), lo que, os puedo asegurar, provoca ansiedad.

Piense por un momento … ¿como veríais trabajar CON un autista? ¿Creéis que el equipo se beneficiaría de esta experiencia?Raquel Montllor

No me chilles que no te veo

i Oct 1st No Comments by

Me estoy acordando de una película de los años ochenta del pasado siglo, que bajo el título No me chilles que no te veo contaba en clave de humor las peripecias de dos hombres, uno era ciego
y el otro sordo, que por circunstancias del destino no tenían más remedio que entenderse y colaborar. Al margen de la broma, hoy me ha venido a la cabeza el título porque de algún modo refleja lo que nos sucede a las personas con síndrome de asperger (autismo nivel 1) cuando intentamos vivir de forma normalizada, que yo llamaría de forma camuflada, en una sociedad que no comprende que bajo un aspecto físico de normalidad se esconda una dificultad para entender a los demás y para hacerse entender por ellos.

Hablaría de frustración, hablaría de angustia, y hablaría al fin de tristeza. La persona pasa de un nivel a otro conforme se hace más importante el interés por comunicar, y conforme es más sensible la pérdida de relaciones sociales, emocionales o familiares. Y por último se concluye con frecuencia en la soledad y la desesperanza. Uno sabe que esto es así y uno sabe en tu fuero interno que esto no va a cambiar. Hay una razón para ello, al menos desde mi punto de vista: porque el interlocutor no cree que tengas dificultades.

Antes de seguir con mi escrito quiero perfilar que me estoy refiriendo a personas con asperger que aparentemente llevan una vida normal y de las que poca gente diría que tienen un TEA. La infancia quedó atrás, han accedido a la vida laboral y muchos tienen familia propia. Personas a las que sus parejas no creen, a las que sus hijos rechazan o a las que sus compañeros y jefes aíslan porque no han logrado entenderse. Personas, en fin que sufren muchas veces sin entender por qué ni para qué.

Recuerdo que, en mi juventud lejana, escuché en muchas aulas el consabido discurso de que el emisor del mensaje ha de asegurarse de que se ha entendido lo que se ha querido decir, y que es su responsabilidad comprobarlo. Ya saben, esto de que no se debe decir: no me estás entendiendo, sino no me estoy explicando. Por eso intento, obsesivamente, explicar qué he querido decir, cuando la comunicación se tuerce. Y además lo ilustro explicando mis sentimientos, y me enredo en un bucle de explicaciones. Debo decir que con frecuencia esto es peor porque todo se hace aún más farragoso y el interlocutor se pierde, con la mutua frustración añadida.

Dicho lo cual, quería hablar hoy de sentimientos. De la soledad que se siente cuando ves que dices algo, para ti importante, y que se malinterpreta. En ese momento tienes miedo a herir,  o a ser herido. A veces, ese miedo se convierte en realidad, en pérdida de relaciones, de amores o de amigos. Y te quedas solo, en medio de una nada emocional. Sufriendo, simplemente sufriendo.

No eres ni más listo ni más tonto que otro, ni más sordo ni más ciego que cualquiera, ¿o sí? Me pregunto: ¿cómo conseguir que un sordo se entienda con alguien que no oye y que no puede verle? ¿cómo conseguir que un ciego responda a gestos de alguien a quien no puede ver y que no le oye cuando le habla? Se me ocurre que nos quedan dos posibilidades: el tacto y el amor. El tacto como cercanía y contacto, tanto como ejercicio de la comprensión, la paciencia y la tolerancia; y el amor como amistad, cariño y complicidad.

Tal vez alguien pueda dar fórmulas mágicas. Yo, desde mi fracaso continuado de años, no puedo concluir más que en repetir que esto duele. Duele en el alma y hasta en el cuerpo, te deja solo, te priva de amigos, amores y familia. Y cansa tanto vivir detrás de esta pared de cristal…..

Quiero dedicar esta entrada a mi hijo Carlos que siempre me tranquiliza cuando me complico en la comunicación. El me dice que es difícil a veces entender qué cosas digo, por qué las digo y cuando las digo; sien embargo me consuela cuando me dice: ‘Mamá los que te conocemos ya te entendemos, tú eres así’ 

Carmen Molina