De victoria en victoria hasta la derrota final

De victoria en victoria hasta la derrota final

i Ene 26th 2 Comments by

Tengo un compañero de trabajo que dice con frecuencia esta frase. Hoy la voy a tomar prestada para reflexionar sobre los seres humanos y el derrotero por el que va su tránsito en este lugar llamado mundo.

Pienso que la historia de la humanidad va marcando hitos victoriosos muy importantes y ante los que los humanos, con nuestras cortas miras de una generación o poco más, nos sentimos únicos, cercanos a la divinidad. Tendemos a pensar que la evolución es una línea ascendente, que nunca se estuvo mejor que ahora, que nunca se fue tan feliz como en nuestros tiempos.

No estoy de acuerdo.

Pensemos en las sociedades simples, cercanas en la evolución natural a los homínidos: cazadores y recolectores. No necesitan acumular bienes, consumen lo que cazan o recolectan, se agrupan en pequeñas asociaciones casi familiares en las que no existen las jerarquías las ambiciones, el poder. Todo se comparte, nadie se hace rico pero no se consiente que nadie pase hambre. Y lo que es mejor de todo, tienen una cantidad de tiempo de ocio mayor que el que nunca hayamos soñado los hombres modernos.

La agricultura supuso una gran victoria, el primer gran hito humano. Riqueza, aumento de la producción, seguridad en la alimentación y…. ansiedad por perder lo acumulado, egoísmo, deseo de poseer más que el de al lado, propietarios y servidores, terratenientes y vasallos. Tal vez, más expectativa de vida pero a costa de pérdida de libertad y de felicidad.

No hablemos de la Revolución Industrial, que dio lugar a la producción en serie, al comercio masivo, también al capitalismo y al mercado. De nuevo ganamos en complejidad social y perdemos en humanidad. Ya no somos dueños de nuestro tiempo, que entregamos en el mercado a cambio de dinero; tampoco somos dueños de nuestro espacio vital, de nuestra morada, ya que debemos trasladarnos allá donde podemos obtener eso que llamamos dinero. Y crecemos en número, y perdemos espacio, y ya no encontramos horizontes ni físicos ni emocionales.

Hoy hemos alcanzado la gran victoria de nuestra civilización occidental. Trabajamos de sol a sol, mucho más que los siervos de la gleba, aquellos a los que equiparábamos como esclavos, ¿se acuerdan? Lo hacemos para conseguir objetos que no disfrutamos porque no tenemos tiempo material para ello. Buscamos trabajar cada vez más y obtener cada vez más para comprar compulsivamente cada vez más en un mercado ficticio que nos ofrece lo que no necesitamos. Cometemos la aberración de ir en coche a un gimnasio para ponernos a andar en una cinta eléctrica y carecemos de tiempo para cultivar nuestra naturaleza humana. Crecen las llamadas enfermedades de nuestro tiempo: la depresión, la ansiedad, la infelicidad, las autolesiones y la muerte.

Permítanme que aventure cuál será la derrota final: nos perderemos como seres humanos. Los árboles no nos dejarán ver el bosque y seremos infelices, alienados e inoperantes. ¿Nos eliminaremos unos a otros?¿Prevalecerán unas culturas a costa de otras? O tal vez sea la madre tierra la que finalmente se canse de que pisemos su suelo y nos elimine de forma drástica. ¿Se acuerdan de los dinosaurios?

Quiero parafrasear a J.F. Kennedy en su famosa frase No preguntes qué hace tú país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país, para dejar abierta la reflexión: No preguntes qué hace la civilización por ti; pregúntate qué puedes hacer tú para dejar tras de ti una mejor humanidad.  Yo ya tengo una idea: voy a renunciar a una parte de mis objetos superfluos, relaciones tóxicas, y ocupaciones insatisfactorias. Seguro que no volveré a ser cazador recolector; pero es posible que consiga un poco más de tiempo de ocio y una efímera pero saludable sensación de felicidad.

Carmen Molina